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La Michulina es tan simpática como aventurera. Es fanática de la ecología, pero a veces, se distrae y comete algún pequeño error, aunque no duda en enmendarlo. Esta pequeña quería viajar por el espacio, conocer planetas, nuevos amigos, y lo logró con su ingenio y buen humor. Te invito a que leas el primer relato del libro, en el que se cuenta cómo construyó su poderosa nave espacial y se hizo amiga de las lombrices que accionan el motor, como Úrsula, la lombriz más inteligente del mundo, que siempre le gana al Ta Te Tí.
El primer viaje espacial de la Michulina Esas
vacaciones de invierno parecían ser las más aburridas del mundo, hasta que la
mamá de -
¡Iupi! –gritó Pero
el papá le advirtió con mucha seriedad: -
Te vas a portar bien, Michu, y le vas a hacer caso al profesor, ¿sí?
Pero todo salió muy bien. Los quince días de clases
fueron muy interesantes, a pesar de que solamente hubo tiempo para aprender a
desarmar televisores, computadoras y calculadoras viejas, nada más. Los chicos
regresaron a las escuelas satisfechos, creyendo ser inventores muy inteligentes.
Pero Por
eso, sin decirle nada a nadie, empezó a imaginar lo que para ella sería el
invento más grande: una nave espacial que funcionara con algo que no sirviera
para nada. -
A ver… A ver… -pensaba Pensó
y pensó durante muchos días, hasta que de pronto, tuvo una idea genial: -
¡Ya sé! ¡Voy a usar los restos de la comida que mi mamá tira a la basura! ¡Seguro
que servirán para algo! Entonces
todos los días, durante muchos, muchos días, se encargó de arrojar las cáscaras
de papa, zapallo, batata, banana, manzana, pera y muchas otras frutas y
verduras, en un rincón del patio, detrás del galponcito. Cuando
la mamá le preguntó para qué hacía eso, -
¡Qué bueno! –exclamó la mamá-. ¡Conseguiste humus de lombriz! -
¿El qué? –preguntó muy extrañada La
mamá le explicó que donde hay lombrices, si se alimentan con los desechos de
comidas, producen esa especie de tierra negra, que se llama “humus” y que es
muy buena para la tierra y las plantas. “Además –agregó- se reproducen
rapidísimo. Seguro que hay miles y miles de lombrices debajo del humus”. Efectivamente,
cuando A
-
Lo único que tengo que hacer –se dijo sola, en su cuarto- es pensar cómo
tiene que ser el motor y enseñarles a usarlo. ¡Soy una genia! La
carcaza de un viejo lavarropas se transformó en la cabina de la pequeña
astronauta. El motor estaba colocado a un costado y cómo lo fabricó fue
siempre su gran secreto. Sin embargo, lo que sí se sabe es cómo logró que las
lombrices lo hicieran funcionar. Cuando
tuvo todo listo, colocó en una mochila varios sandwiches, una botella de
gaseosa, dos duraznos y se lanzó a la aventura. -
¡Mamá! ¡Me voy al espacio! –gritó. La
mamá, creyendo que jugaba, le respondió sonriendo: -
¡Está bien, pero no te ensucies y regresá a tiempo para la merienda! -
¿Qué fue ese ruido? –preguntó el papá. -
Nada… Es -
Ah… -comentó el papá y se quedó tranquilo. La
nave ascendía con mucha rapidez y todo parecía funcionar muy bien. Las
cosas sobre la tierra se fueron haciendo más y más chiquitas. Cuando
la nave entró en el espacio exterior, Al
rato de navegar por el espacio infinito, sintió apetito. “¿Un durazno o un sándwich?
¿Un durazno o un sándwich?”, se preguntaba y al final, ganó el durazno. -
¡Ay, mamita! -exclamó Cuando
la nave de -
Seguro que sos del planeta Tierra… -
¡Sí! –exclamó contenta El
extraterrestre, muy serio, respondió: -
Porque todos los humanos son iguales: tiran la basura donde quieren. La
pequeña se dio cuenta de que había cometido un gran error. -
Perdón… Lo que pasa es que… -
¡No importa qué es lo que pasa! ¡Voy a tener que hacerte una multa! -
En el espacio no se usa el dinero. Eso es un invento de los humanos. Aquí las
multas se pagan de muchas otras formas. Dicho
esto, el extraterrestre policía le ordenó que la siguiera. Los dos encendieron
los motores de sus naves y pronto llegaron a un planeta muy chiquito. A medida
que se acercaban, Al
ingresar junto al extraterrestre policía, se sorprendió al descubrir que los
edificios estaban construidos con crealina. Cuando estaba a punto de preguntarle
al respecto, se dio cuenta que el mismo extraterrestre era de ese material. Enseguida
llegaron a una oficina. Allí otro extraterrestre policía le explicó que si no
pagaba la multa quedaría presa. -
¡Auchi! ¡No! ¡Tengo que regresar a mi casa a merendar! –exclamó -
Deberás cantarnos una canción de tu planeta. El
extraterrestre policía la condujo a una sala donde había un gran micrófono.
La puso delante del artefacto y conectó unos parlantes poderosos para que todo
el planeta la escuchara. A Lo
intentó varias veces, pero se le hacía un nudito en la garganta. Entonces pensó
que se le haría muy tarde y que sus padres se preocuparían mucho por ella.
Juntó coraje y se animó. Cuando
la canción terminó, se escucharon muchísimos aplausos. Llorando,
los extraterrestres policías la abrazaron felicitándola. El público gritaba: -
¡Otra, otra! -
Por favor –le suplicaron los extraterrestres policías. Entonces La
multitud estaba enloquecida de alegría. Los extraterrestres policías la
llevaron en andas hasta el exterior de la comisaría espacial y todos la
felicitaban y besaban. ¡Fue un éxito increíble! -
Nunca nadie nos regaló canciones tan bonitas… -dijo secando sus lágrimas una
extraterrestre con su hijito de crealina en los brazos-. Regresá pronto… -
No olvides esto –dijo uno de los extraterrestres policías alcanzándole una
bolsa de residuos de, por supuesto, crealina. -
Gracias –dijo Después
de guardar la nave en el galponcito y colocar a las lombrices en el frasco con
tierra húmeda, cubierto con un paño oscuro para que la luz del sol no
lastimara a sus amigas, Entró
en la cocina cantando muy fuerte, lo que a la mamá le llamó la atención y le
gustó mucho. -
¡Parece que te fue muy bien en tu viaje por el espacio! -dijo. Entonces
-
Mmmmm…. Después te cuento, má… |