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Este es otro de los libros más especiales y queridos por mí. Nació en el 2007, a partir de escuchar los juegos de mi superhéroe favorito -mi vecino Fran- con su primo Lucio en el patio compartido de las casas que alquilamos. Fran es un superhéroe muy especial. Tan especial como lo es Joaquincito. Para que lo conozcas, publico uno de los cuentos de este libro que, como otros, podés solicitarlo vía mail.
El
pirata Joaquincito y la ballena parlanchina Vamos a ser claros: lo raro no es que haya un pirata de cuatro años de edad. Lo raro es que las ballenas hablen. Y Joaquincito, este pirata de tan pequeño, tuvo la mala suerte de
encontrarse con una ballena tan grande como parlanchina. Joaquincito nació pirata. Desde chiquito, jugaba que su cuna era un
poderoso barco que cruzaba los mares más peligrosos del mundo. Luego, cuando otros chicos empiezan a andar en triciclo, él
aprovechaba cuanto charco hacía la lluvia para imaginar las luchas más terribles con los
peores enemigos del mundo, parado sobre una tablita. Y más tarde, a los cuatro años, su abuelo Marcelo que era un
pirata de verdad- le regaló un barco a su medida para que navegara alrededor del mundo. - Eso sí le advirtió-: los piratas de antes robaban tesoros
de los barcos y los escondían en islas desiertas y misteriosas. Ahora eso no se usa. Y te
pueden llevar preso. Mejor date una vueltita por ahí
Así fue que Joaquincito se hizo a la mar con mucho entusiasmo y
coraje. Todo iba muy bien: el mar estaba embravecido, pero él sabía dominar
su nave y saltaba por las olas con mucha destreza; y los barcos que lo veían desde lejos,
escapaban rápidamente cuando advertían la típica bandera con la calavera y los huesitos
cruzados, ya que no querían enfrentar a semejante pirata. Joaquincito estaba orgulloso. De pronto, el barco casi se hundió al chocar contra algo inmenso. El pequeño pirata se asustó, pero luego recordó una de las frases
preferidas de su abuelo: los piratas no conocen el miedo. Además, eso era el
mar, no la laguna donde vive el monstruo de la laguna. El pirata Joaquincito se asomó para ver contra qué había chocado y
su sorpresa fue muy grande al ver el lomo de una ballena gigantesca. - ¡Fijate por dónde vas! le dijo ella. - ¡Las ballenas no hablan! le reprochó Joaquincito. - Yo sí dijo ella con mucha simpleza. Joaquincito quedó mudo. No sólo hablaba: también le respondía. Su
abuelo, que le había contado cientos de historias marinas, nunca había mencionado nada
al respecto. - Es un truco. Seguramente te tragaste a algún marino y es él quien
habla dijo Joaquincito. - Mirá mis labios respondió la ballena exagerando las
palabras. Efectivamente, esta ballena hablaba. - ¿Qué querés de mí? preguntó el pequeño. - Comerte, claro. ¿Qué otra cosa querría? ¿Un autógrafo? - ¡No podés comerme! gritó con mucha valentía el pirata. - ¿Y por qué no? Joaquincito pensó rápidamente y contestó: - ¡Porque no! - Ah, claro
No puedo comer al señorito porque el señorito no
quiere
Vos disculpame, pero a las personas que me como, no suelo preguntarles si
están de acuerdo o no dijo la ballena y abrió la boca así de grande. Joaquincito empuñó su espada decidido a matar al animal, pero la
ballena, con fastidio, lo reprendió: - ¡Dejá eso que es peligroso! ¡Podés pincharme! - ¡Te mataré! exclamó con furia Joaquincito. - ¡Encima me querés matar! ¡Qué exageración! señaló la
ballena-. ¡Ya sos grande para jugar a matar ballenas! Probá con otra cosa
- ¿Cómo qué? preguntó él preocupado. - No sé
Usá tu imaginación
¡Pero matarme
.! Joaquincito pensó, pensó y pensó hasta que se le ocurrió algo: - ¡Ya sé! ¡Correremos una carrera! ¡Mi barco es más ligero! Si
te gano, serás mi prisionera y si pierdo, me comerás. - ¡Hecho! A la cuenta de tres: ¡uno, dos y
.! De pronto, ambos escucharon la voz del abuelo del pequeño pirata: - ¡Joaquincito! ¡La cena está lista! Joaquincito se bajó del barco muy contento: tantas aventuras siempre
le despertaban el apetito. Pero antes de alejarse, le advirtió a la ballena: - ¡Mañana nos encontraremos y te las verás conmigo, maldita! - Bueno dijo ella y se sumergió en el mar profundo. |